Durante su primer año de gobierno, el presidente Donald Trump cumplió su promesa de imponer aranceles amplios a las importaciones procedentes de numerosos países. Ahora, esas medidas comienzan a reflejarse con mayor claridad en el bolsillo de los consumidores estadounidenses.
Uno de los sectores más afectados es el de las bebidas alcohólicas. Nuevos aranceles están elevando los precios de vinos y licores importados, lo que ya está influyendo en las cartas de bares y restaurantes en todo el país. Gran parte del alcohol que se consume en Estados Unidos proviene del extranjero, por lo que el impacto es difícil de evitar.
“Los aranceles seguirán afectando al sector de bares y coctelería durante 2026”, explicó Alex Jump, propietario y director de operaciones del bar The Peach Crease Club, en Denver. “La mayoría de los productos que vendemos en la barra son internacionales”.
Aunque su establecimiento no planea eliminar bebidas del menú, Jump reconoce que las opciones son limitadas: subir los precios para los clientes o absorber los costos, poniendo en riesgo la rentabilidad del negocio.
Presión creciente sobre bares y restaurantes
Los aficionados a los cócteles se verán especialmente perjudicados. Ingredientes clave como el tequila, el whisky escocés o el amaro dependen de la importación y no pueden producirse fácilmente en Estados Unidos. Para muchos locales, esto significa aceptar los precios más altos o retirar estos productos de la oferta.
El problema va más allá de las bebidas. Muchos bares y restaurantes también importan cristalería, mobiliario y productos plásticos, que ahora llegan con costos adicionales. En un sector con márgenes de ganancia muy ajustados, incluso aumentos modestos pueden borrar los beneficios.
“Las subidas de aranceles siguen provocando una gran disrupción en la industria del alcohol”, señaló Marbet Lewis, abogada fundadora de Sprint Law Partners. Según explicó, ya trabaja con comerciantes que han tenido que modificar sus menús para eliminar bebidas importadas que se han vuelto demasiado caras.
Un impacto que va más allá del sector hostelero
A largo plazo, existe preocupación por las consecuencias más amplias de un golpe significativo al sector de la hostelería. Bares y restaurantes no solo son espacios sociales clave en las comunidades locales, sino también importantes motores económicos, generadores de empleo y clientes esenciales para agricultores y proveedores.
Vic Christopher, presidente y fundador de Clark House Hospitality en Troy, Nueva York, lo resume así: “Cuando un restaurante cierra, el impacto no se queda ahí. Todos los que dependen de él también pierden”.
Con los aranceles aún en vigor y nuevas subidas sobre la mesa, el sector observa con inquietud cómo decisiones comerciales a nivel nacional continúan repercutiendo directamente en la vida cotidiana de empresas y consumidores.









